Escritor colombiano, nacido en Málaga. Magíster en Literatura de la Pontificia Universidad Javeriana, y especialista en traducción de la Universidad de Pamplona.
La sirena de agua dulce
CUATRO CAPÍTULOS0
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Oían cantar a Adonay por las noches y la confundían con La Llorona. La gente de Monteadentro guardaba los niños temprano. La oían cantar y el corazón se les desleía de ternura. Las mujeres temían por sus hombres. Trancaban puertas y ventanas y esperaban que el canto se alejara río abajo.
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Adonay juntaba las estrellas como piedrecitas, una detrás de otra, para volver a casa.
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Los hombres buscaban el rastro de Adonay en secreto.
Olían como perros las orillas del río. Escarbaban la tierra hasta lastimarse las manos, saboreaban la hierba y maldecían tanta desolación.
No decían nada en casa. Fingían dormir, estremecidos por el canto, y no decían nada. Les dolía el pecho de tanta ansia.
Se alejaban de casa, atormentados, y bebían en las cantinas hasta perder la cordura. Se ofendían, se golpeaban por cualquier motivo, y se dormían como animales sin dueño a la orilla del camino. Las mujeres los tocaban con la punta del pie para saber si habían muerto.
Cada hombre pensaba que era él a quien ella estaba buscando.
Adonay no cantaba para nadie sino para ella misma. Cantaba porque no soportaba el impulso de su propio canto. Cantaba y su corazón se agitaba como un potro.
Pero los hombres no entendían y seguían buscando por las orillas.
Más allá del agua, invisible, como desde el otro lado del espejo, Adonay los veía con lástima infinita.
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Agradecida, Adonay cerraba los ojos y abría los brazos para recibir la lluvia.
Queríamos advertirle del peligro y se nos hizo tarde buscándola. No se asustó con las noticias.
–No soy fácil de encontrar, muchachos –dijo.
Loca de dicha, agitaba con tal velocidad la cola que parecía caminar sobre las aguas.
–Es una niña –dijo Leonardo.
–Un acto de magia –dije.
Llovió toda la noche.
Distinciones
Obtuvo el VII Premio Enka de Literatura Infantil en 1989 con Las batallas de Rosalino, el Premio Comfamiliar del Atlántico en 1991 con Caperucita Roja y otras historias perversas, el Premio Nacional de Literatura de Colcultura en 1993 con La muchacha de Transilvania, el Premio Nacional de Dramaturgia para la Niñez en 1998 con Torcuato es un león viejo, el Premio de Literatura Infantil Parker en 2003 con La negra y el diablo y el Premio Nacional de Cuento Jorge Gaitán Durán en 2007 con Mujeres muertas de amor. Autor recomendado por el Banco del Libro de Venezuela. Además, obtuvo la mención White Ravens 2014 (Alemania) por El niño gato. Premio Fundación Cuatro Gatos 2014 (Estados Unidos) y Lista de honor IBBY 2016 (Suiza) por Letras robadas. Nominado al Premio Hans Christian Andersen 2018.
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