Narrador y poeta colombiano. Magíster en Literatura. Además de sus obras para niños, es autor de los libros La camisa en llamas (1987), En el centro de la hoguera (1990), Palabras de más (1998), Alguien creerá que esto es la poesía (2002), Orsai (2002), Otros poemas (2009), Poeta de Vecindario (2010), Travesía del Instante (2010) y Guía de caminantes (2015).
Por varios años dirigió el Festival Internacional de Poesía de Bogotá y publicó varias antologías de poesía colombiana e hispanoamericana. Ha ejercido como docente y administrador académico en varias universidades del país, y actualmente realiza talleres de lectura, escritura, sensibilización poética y creación literaria para niños, jóvenes y adultos.
“Los combatientes”. Un relato de El Club de los Somnolientos
El soldado apuntó el arma contra el hombre agazapado entre los escombros y apoyó su dedo en el gatillo. Unos segundos antes lo había visto correr hacia las ruinas del edificio en busca de refugio, había descargado hacia él varios disparos fulminantes pero ninguno había conseguido alcanzarle, y después, cuando se percató de que estaba desarmado, le había perseguido hasta allí, enardecido por el odio y la venganza.
Caudales de sangre se habían derramado durante meses y los combatientes habían perdido ya todo vestigio de piedad. Cuando el prisionero levantó la cabeza, abandonado por completo al terror, seguro de que había llegado su hora, el soldado le miró el rostro y, de inmediato, advirtió su propio rostro reflejado en el cristal de aquellos ojos.
Tan joven como él, tan asustado como él. Tan confundido.
Y en ese instante, del fondo de aquellos ojos, como de un pozo de maravilla, el soldado vio emerger los cientos de rostros de hombres y mujeres que habían precedido la historia de aquel prisionero, y aún los rostros de los cientos de hombres y mujeres más que habrían de venir a partir de su semilla: rostros de sabios, artistas, matemáticos, científicos, magos, agricultores, ágiles jinetes, hermosísimas doncellas, atletas veloces, diestros constructores, bailarinas, poetas, astronautas, oradores… gestos de amor, obras perdurables…
Todos se perderían en un segundo y para siempre con solo apretar su dedo en el gatillo. Comprendió entonces que no se trataba de perdonarle la vida a aquel hombre, sino de algo mucho más profundo, poderoso e intenso que cualquier rencor.
El soldado aflojó el gatillo, bajó el arma y le tendió la mano al prisionero; cuando este se levantó, el soldado le estrechó entre sus brazos sin decir palabra, como a un hermano, luego volvió sobre sus pasos y se alejó, sin prisa, en medio de los estallidos ensordecedores de la pólvora y el humo.
Una sonrisa misteriosa le iluminaba el corazón.
Distinciones
Como autor para niños obtuvo el Premio de Literatura Infantil El Barco de Vapor con su novela Por favor, ¡no leas este libro! (que sí es para leer) en 2013.
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